La muñeca
Nunca
he tenido miedo a nada, excepto a esa muñeca. Era de cartón. Se le abrían y cerraban los ojos al moverla,
ojos saltones que casi siempre estaban abiertos, parecían vigilarnos a todas
horas. Eran de cristal, y cuando se apagaban las luces relucían, produciendo un efecto realmente
tenebroso. Tenía la boca como partida en dos dejando entrever una
sonrisa de sádica que me hacia estremecer. El pelo marrón sujeto por dos trenzas, un vestido azul largo bordeado por una cinta
de color blanco. Más que una muñeca parecía una niña inerte.
Desde
pequeña la recuerdo en mi casa, en una repisa al lado de la radio. Esta
cambiaba de emisora continuamente sin que nadie la tocara. Decían que la radio era vieja. Yo sabía que
era ella. Aunque no decía nada por miedo a sus represalias.
Había
sido un regalo a mi hermana mayor cuando nació. Tenía un gran valor pues ya habían dejado de
fabricarse. Apenas nos dejaban tocarla .Solo cuando llegaba alguna visita la
bajaban para enseñársela. Yo procuraba no verla. Le cogí tal fobia, que casi me llegaron a dar miedo todos los
muñecos que tenia.
Hasta
que un día desapareció junto con la vieja radio. Había llegado el televisor y
tenían que hacer espacio para ese nuevo invento.
Me
enteré de que la habían guardado en el
viejo camarón que teníamos arriba, en una caja. Mi miedo se trasladó a dicha habitación.
No es que subiese mucho, pero cuando lo
hacía, miraba de reojo por si algo se
movía .Yo sabía que esa muñeca tenía
vida.
Al cabo de los años mis padres se mudaron y al hacer la mudanza apareció la muñeca intacta,
envuelta en papel de celofán. Parecía que se le había recrudecido la
sonrisa.
Mi
hermana enseguida dijo que era suya y
que se la llevaba. Nadie se opuso. Se la
llevó a su casa y al poco tiempo comenzaron
a suceder cosas extrañas. Se les iba la luz, había interferencias en la televisión… No le encontraron ninguna
explicación. Para mi estaba claro. La muñeca, la maldita muñeca, algo tramaba.
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