El laberinto de Creta
Antes de ser encerrado en el
laberinto con sus compañeros Teseo
conoció a Ariadna, hija de Minos; que se enamoró de él y decidió
ayudarle dándole un ovillo de hilo. Le indicó que atara un extremo del hilo en
la entrada del laberinto y que lo desenrollara a medida que avanzase. De este
modo Teseo pudo después de matar al minotauro retroceder sobre sus pasos para
encontrar la puerta de salida del laberinto y en ella a la princesa. Después de
esta hazaña, la pareja emprendió viaje de regreso en barco, hicieron escala en
la isla de Naxos, donde Teseo, siguiendo el designio de los dioses, abandonó a Ariadna.
Cuenta también la leyenda
que como castigo por haber aconsejado a Ariadna, Dédalo y su hijo Icaro fueron
encerrados en el laberinto. Prisionero de su propia construcción, el arquitecto
ideó un medio para escapar: con cera y plumas fabricó unas alas parecidas a las
de las aves. Con ellas lograron huir pero, Icaro se acercó imprudentemente al
sol y la cera se derritió. Las plumas se despegaron y, al perder las alas, el
joven se precipitó al mar.
¿Cómo salir de un laberinto?
El laberinto de Hampton Curt
fue mandado construir en el año 1691 por el rey Guillermo III de Inglaterra, a
unos 20 kilómetros
al oeste de Londres. Está formado por paseos de setos. En uno de los jardines
del palacio del rey, los paseos tienen cerca de una milla de largo y en el
centro del laberinto hay dos grandes árboles con bancos a los lados. Su estudio
matemático permitió elaborar un revolucionario programa informático capaz de
manejar miles de permutaciones para diseñar complejos circuitos electrónicos.
Supongamos que te encuentras
en la parte central del laberinto de Hampton Court. Prueba a salir siguiendo
una de sus paredes. Al intentarlo tienes dos posibles opciones:
derecha-izquierda. Independientemente de la opción que elijas, encontrarás la
salida.
El Laberinto de la Granja (Segovia) es un rectángulo, con 2.504 metros de paseos y 6.063 de setos. Su diseño, debido a Dezallier D'Argenville, data de 1713 y consiste en una espiral central flanqueada por dos grupos de calles que doblan en ángulos rectos. Intenta recorrer este laberinto pegándote a una de sus paredes
Laberintos en iglesias y catedrales
Los laberintos en iglesias y
catedrales están generalmente formados por una serie de círculos concéntricos
y, a veces como en Amiens, por octágonos concéntricos. El centro del laberinto
esta suficientemente resaltado por un dibujo o adorno geométrico; y es el punto
de intersección de dos ejes perpendiculares, que dibujan una cruz visible a
través de los repliegues, a menudo muy sinuosos, de las líneas de los círculos.
La mayoría están dibujados al comienzo de la nave central, y se presentan al
visitante tan pronto como éste franquea la puerta.
Su función parece ser de
orden espiritual, lo cual viene avalado tanto por la tradición como por la
propia estructura de los laberintos: la entrada en el laberinto es el
nacimiento, y la salida, la muerte. Su recorrido es la vida, con sus
dificultades y sus caminos tortuosos. El laberinto asume un significado
religioso, como símbolo del accidentado itinerario del alma hacia Dios.
Los peregrinos medievales,
incapaces de satisfacer su deseo de hacer un peregrinaje a Jerusalén, visitaban
iglesias y catedrales europeas mucho más accesibles. En muchos casos el final
de su viaje era un laberinto de piedra situado en el suelo de estas iglesias.
El centro de los laberintos representó probablemente para muchos peregrinos la
ciudad santa, al estar Jerusalén situada de forma obligada en el centro del
mundo, convirtiéndose así en la meta substituta del viaje.
Catedrales e iglesias
góticas albergan grandes laberintos de baldosas. Los fieles los llamaban
"camino de Jerusalén" y efectuaban simbólicamente la peregrinación a
Tierra Santa haciendo su recorrido de rodillas para hacer penitencia, que era
recompensada por algunas indulgencias asociadas a esta práctica.




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