jueves, 21 de mayo de 2015

La leyenda del minotauro

El laberinto de Creta

     La mitología griega nos cuenta como en Creta, el rey Minos mandó al arquitecto Dédalo construir un laberinto para encerrar en él a un terrible monstruo llamado Minotauro con cuerpo de hombre y cabeza de toro. Dédalo concibió una enorme residencia de largos y tortuosos corredores con falsas salidas que imposibilitarían la salida a todos los que se aventurasen a explorarla. Minos había derrotado a los atenienses, que aconsejados por el Oráculo de Delfos ofrecieron un tributo consistente en catorce jóvenes cuyo destino era servir al minotauro. Teseo, hijo de Egeo, rey de los atenienses, pidió ser enviado a Creta, cuando este tributo debía ser pagado por tercera vez.
Antes de ser encerrado en el laberinto con sus compañeros Teseo  conoció a Ariadna, hija de Minos; que se enamoró de él y decidió ayudarle dándole un ovillo de hilo. Le indicó que atara un extremo del hilo en la entrada del laberinto y que lo desenrollara a medida que avanzase. De este modo Teseo pudo después de matar al minotauro retroceder sobre sus pasos para encontrar la puerta de salida del laberinto y en ella a la princesa. Después de esta hazaña, la pareja emprendió viaje de regreso en barco, hicieron escala en la isla de Naxos, donde Teseo, siguiendo el designio de los dioses, abandonó a Ariadna.

Cuenta también la leyenda que como castigo por haber aconsejado a Ariadna, Dédalo y su hijo Icaro fueron encerrados en el laberinto. Prisionero de su propia construcción, el arquitecto ideó un medio para escapar: con cera y plumas fabricó unas alas parecidas a las de las aves. Con ellas lograron huir pero, Icaro se acercó imprudentemente al sol y la cera se derritió. Las plumas se despegaron y, al perder las alas, el joven se precipitó al mar.

¿Cómo salir de un laberinto?

El laberinto de Hampton Curt fue mandado construir en el año 1691 por el rey Guillermo III de Inglaterra, a unos 20 kilómetros al oeste de Londres. Está formado por paseos de setos. En uno de los jardines del palacio del rey, los paseos tienen cerca de una milla de largo y en el centro del laberinto hay dos grandes árboles con bancos a los lados. Su estudio matemático permitió elaborar un revolucionario programa informático capaz de manejar miles de permutaciones para diseñar complejos circuitos electrónicos. 
Supongamos que te encuentras en la parte central del laberinto de Hampton Court. Prueba a salir siguiendo una de sus paredes. Al intentarlo tienes dos posibles opciones: derecha-izquierda. Independientemente de la opción que elijas, encontrarás la salida.

El Laberinto  de la Granja (Segovia) es un rectángulo, con 2.504 metros de paseos y 6.063 de setos. Su diseño, debido a Dezallier D'Argenville, data de 1713 y consiste en una espiral central flanqueada por dos grupos de calles que doblan en ángulos rectos.  Intenta recorrer este laberinto pegándote a una de sus paredes 

Laberintos en iglesias y catedrales


Los laberintos en iglesias y catedrales están generalmente formados por una serie de círculos concéntricos y, a veces como en Amiens, por octágonos concéntricos. El centro del laberinto esta suficientemente resaltado por un dibujo o adorno geométrico; y es el punto de intersección de dos ejes perpendiculares, que dibujan una cruz visible a través de los repliegues, a menudo muy sinuosos, de las líneas de los círculos. La mayoría están dibujados al comienzo de la nave central, y se presentan al visitante tan pronto como éste franquea la puerta.

Su función parece ser de orden espiritual, lo cual viene avalado tanto por la tradición como por la propia estructura de los laberintos: la entrada en el laberinto es el nacimiento, y la salida, la muerte. Su recorrido es la vida, con sus dificultades y sus caminos tortuosos. El laberinto asume un significado religioso, como símbolo del accidentado itinerario del alma hacia Dios.    

Los peregrinos medievales, incapaces de satisfacer su deseo de hacer un peregrinaje a Jerusalén, visitaban iglesias y catedrales europeas mucho más accesibles. En muchos casos el final de su viaje era un laberinto de piedra situado en el suelo de estas iglesias. El centro de los laberintos representó probablemente para muchos peregrinos la ciudad santa, al estar Jerusalén situada de forma obligada en el centro del mundo, convirtiéndose así en la meta substituta del viaje.

Catedrales e iglesias góticas albergan grandes laberintos de baldosas. Los fieles los llamaban "camino de Jerusalén" y efectuaban simbólicamente la peregrinación a Tierra Santa haciendo su recorrido de rodillas para hacer penitencia, que era recompensada por algunas indulgencias asociadas a esta práctica. 


No hay comentarios: