LA
RECETA
Aquel sábado
que enterraron a Jerónimo Padilla, los que estuvimos con él
la noche del jueves, no
pudimos acompañarle para darle el último adiós. Flora se encontraba
internada en el hospital Alonso Vega, de Colmenar Viejo. Maria Belén en el López Ibor, de Cardenal de
Herrera Oria, y yo, después de unas horas en observación en el hospital Gregorio Marañón, fui conducido a la
comisaría de la Estrella.
Y cuando empezaba a adormilarme se abrió la puerta del
calabozo, que compartía con otros cinco detenidos y un agente uniformado,
dirigiéndose al grupo y en voz
alta, pregunta.
— ¿Teodosio Ramírez?
—Sí, soy yo,
agente—dije incorporándome.
—Levántese, nos vamos
a los juzgados de Plaza de Castilla, y me colocó las esposas.
Me introdujeron
en el furgón celular, junto a otros
siete arrestados,
*
Todo empezó aquella mañana del lunes; había quedado con Jerónimo
en la cafetería de unos grandes
almacenes. Eran las nueve treinta y esperábamos la apertura del centro
comercial. El día se mostraba
esplendido. El calor se dejaba ya sentir. Desayunamos. Quedaron reservadas,
para el puente de san José, dos suites,
en un hotel de cinco estrellas de Marbella, que compartiríamos con Flora y Maria Belén, nuestras compañeras
de bufete. Así lo decidimos los cuatro.
— ¡Un lujo para cuatro
solteros!—dijo Jerónimo con socarronería.
—Un viaje, apostilló
Flora, que espero deje huella en nuestras vidas. Lo dijo haciendo un
guiño, de complicidad y sonriendo, lo que sin duda, obligaba a muchas lecturas.
Flora, soltera, con
cincuenta años ya cumplidos, es inteligente y equilibrada. Una hembra hermosa,
de un rubio natural y claro, ojos grandes, cara redonda, exuberante, de curvas
exageradas, voluptuosa; despierta apetito sexual con solo contemplarla. De
sonrisa fácil y alegre. Viste con lujo. Es muy atractiva y gusta a los hombres.
Cuando se siente observada adopta poses
para parecer más seductora. Y lo consigue.
Pero luego nada… ¡La de veces que lo intenté!
Maria Belén, soltera
también y de edades parecidas, es
totalmente distinta a Flora, tímida,
pero bella. Muy introvertida. Se siente feliz pasando desapercibida y le cuesta
expresar sus sentimientos. Cuando en grupo se cuenta algún chiste “verde”, se
ruboriza; se preocupa mucho “del que dirán”. También es atractiva, de profundas
convicciones y de sólida formación.
En connivencia con
Jerónimo, quedé encargado de adquirir algún producto afrodisíaco que nos
“pusiera” a los cuatro.
Llamé a Flora.
—Sí, de acuerdo, pero
no te “pases”— me pidió Flora.
—No te preocupes, “la
sangre no llegará al río…”—le dije sonriendo.
*
Instalados ya en
nuestras habitaciones, antes de retirarnos a descansar decidimos irnos a cenar.
Lo hicimos con apresuramiento; se nos
notaba a los cuatro el nerviosismo lógico de esa hipotética noche de ensueño.
—De postre nada—les
dije, he comprado unos ricos
profiteroles que os van a deleitar, comenté, sonriéndome y poniendo énfasis en
lo de ricos…
Y en una de las
habitaciones se los tenía preparados una bandeja. Había comprado antes de
emprender viaje, un producto afrodisíaco que me recomendó un amigo. Me explico
cómo hacerlo:
—Inyectas la dosis que
especifica el prospecto en cada uno de los dulces y a esperar— me explicó.
No habíamos terminado
de degustar los dulces, cuando María Belén, empezó a sentir ansiedad, notaba hormigueos
en el estomago, vomitaba. Me asusté. Comenzó a gritar. Lloraba desconsolada. Me
muero… chillaba. La escena era de verdadero pánico, angustiosa. Flora, a su
lado, trataba de consolarla. No lo conseguía. De pronto, Flora, se llevó la
mano al pecho, empezó a sentir un dolor
intenso a la altura del corazón, Le faltaba la respiración… gritaba
desconsolada: Un médico… por favor, un
médico. Fueron momentos de pánico, de desconcierto. Les tomé a el pulso, lo
tenían disparatado, empezaron con convulsiones, sudoración temblores y mareos.
La respiración acelerada.
—Jerónimo, grité con
todas mis fuerzas. No encontré respuesta a mi llamada. No estaba en la suite.
Salí al pasillo, busqué la puerta de su
habitación y lo encontré muerto tendido en el suelo a los pies de la cama…
Los servicios del
hotel acudieron inmediatamente. La policía y los servicios médicos se
presentaron en pocos minutos. Se
llevaron a Flora y María Belén, allí
quedó el cadáver de mi amigo esperando al forense.
Aturdido solo recuerdo
mi entrada en la ambulancia.
*
En los juzgados de
Plaza de Castilla, esperando ser citado por el juez, llorando y pesaroso, volví
a leer el prospecto del frasquito afrodisíaco
que compré. Creí enloquecer. Lo leí con detenimiento, por dos veces, las
dosis recomendadas. Las había interpretado mal. En el folleto explicativo leí
con pánico la advertencia: No
sobrepasar, bajo ningún concepto las dosis que se indican. Inyecté en cada
pastelito el triple de lo recomendado.
A mí no me había dado
tiempo a degustarlos y recordé que Jerónimo en pocos minutos, se tomó gran
parte de la bandejita…
…
ENRIQUE GARRIDO
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