La paradoja del mentiroso
Epiménides: ¡Todos los
cretenses son mentirosos!
Epiménides es cretense.
¿Decía la verdad?
La paradoja del Quijote
En una isla existía una ley
según la cual el guardia de la isla le preguntaba a los viajeros que llegaban a
sus murallas: “¿A qué viene usted aquí?”. Si los viajeros decían la verdad se
les dejaba pasar libremente; si mentían eran ahorcados.
Un día un viajero dijo al
guardia: “He venido para ser ahorcado”. Se planteó, de este modo, un problema:
si no lo ahorcaban, habría mentido, y por esto debería ser ahorcado; pero por
otra parte, si lo ahorcaban, habría dicho la verdad y, por tanto, no debería
ser ahorcado.
Para decidir la cuestión, el
visitante fue llevado ante el gobernador de la isla, que tomó la siguiente
resolución: “Decida lo que decida tendré que vulnerar la ley. Así pues, seré
clemente y dejaré libre a este hombre”. De modo que, finalmente, el viajero fue
liberado.
Pocos días después, Sancho
Panza fue nombrado gobernador de la isla, habiendo jurado respetar las leyes de
la misma.
Paradoja del barbero
Esta paradoja fue propuesta
por Bertrand Russel en 1918, y dice lo siguiente: el barbero de un pueblo dice
que él no afeita a aquellos que se afeitan a sí mismos, pero sí afeita a todos
aquellos que no se afeiten a sí mismos. Un buen día alguien le pregunta si él
debería afeitarse a sí mismo.
De afeitarse él mismo, sería
uno de los hombres que se afeitan a sí mismos. Por lo tanto, él no puede
afeitarse a sí mismo. Si otra persona le afeita, ya no se afeita él, pero él
dice que afeita a estas personas.
Paradoja de Alicia

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