jueves, 16 de julio de 2015

Angela de los Reyes: La venganza

LA VENGANZA

La inmaculada pantalla del ordenador, me bloqueaba. El indicador de escritura con su latido insistente  me retaba provocador “No eres capaz” decía. Bostezaba  con descaro  en la línea de salida, esperando que le diera la orden de empezar. Y únicamente para fastidiarle, comencé a escribir.
“La lluvia de fuego que lentamente devoraba la ciudad iluminaba el cielo con la paleta  precisa de un pintor surrealista. Los edificios se deshacían  dejando una mancha multicolor en el asfalto que, convertido en una masa viscosa y brillante, se los tragaba. Los árboles retorcidos de dolor  iluminaban como antorchas medievales  la densidad grisácea del aire que se extendía como una niebla opaca,  colmada  de chasquidos, sirenas y rumores de desolación.”
Renuente  me levanté del sillón, no quería que las musas, que por fin me habían visitado se despistaran.  El calor era sofocante.  La ropa se pegaba a mi cuerpo. Y la boca seca me ardía. Abrí la nevera y me bebí de un trago toda el agua de la botella. Metí la cabeza debajo del grifo y dejé que el agua chorrease por mi cuerpo. Encendí el ventilador y, de repente, las luces se apagaron. Todo quedó oscuro y extrañamente silencioso. Al final del pasillo, vi un leve resplandor en el despacho donde había estado escribiendo. Me dirigí allí, la pantalla del ordenador emitía una luz vacilante .Me senté  en el sillón frente a la pantalla. Estaba leyendo lo que había escrito cuando unas manos invisibles teclearon:
  “Miré por la ventana... y vi  como una gigantesca  tela de araña incandescente cubría   la ciudad” El teclado enmudeció.
Y yo miré por la ventana y la ciudad era comida por las llamas.
El teclado volvió a hablar:” los cristales de la ventanas estallaban como bombas  asesinas. Lenguas de fuego lamían con furia las paredes”- se paró.
Muerto de miedo, sin comprender lo que pasaba me acurruque debajo de la mesa. Con un estruendo pavoroso estallaron los cristales de la ventana.
Chillé con todas mis fuerzas, “Maldito ordenador para de una vez”.El ordenador me contestó tecleando de nuevo.
 Me levanté  y leí “Anoche, como consecuencia de un horrible incendio, murió Joaquín Leganés en su domicilio de la calle Alcántara. Al parecer el incendio fue como consecuencia de un cortocircuito del ordenador donde Joaquín escribía sus famosos textos”
! Maldito tú, explotador!

FIN


Y el ordenador se incendió.

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