El beso de la
luna
El niño, en la noche sin luna, siente frío.
Los fantasmas con pasos lentos y vacilantes vienen
a buscarle. Los ha oído, los percibe a su lado y tiene miedo. Ellos le raptan
de su cama. Intenta gritar. Su madre, que está a su lado, no puede oírlo.
Una
luna temblorosa, que de repente asoma, contempla el rapto. Los lobos aúllan al
verla aparecer. Los fantasmas huyen despavoridos. En la entrada de un túnel
depositan al niño. ¡Pobre niño abandonado en la oscuridad! ¡Pasarás frío en ese
lecho de tierra húmeda!
De
repente la madre siente su mano helada. Llora con desconsuelo. Con ademán
desesperado cierra sus ojos.
La
luna ilumina al niño, lo arropa envolviéndolo con su manta blanca. Ahora es
suyo. Lo esconde en su seno abrazándolo con mimo.
En la
habitación, donde el niño yace, un rayo de luna besa el cabello de la madre.
Ella siente ese beso de cometa. Un olor metálico
invade la estancia. Embelesada contempla el rostro sosegado y apacible de su niño.
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