jueves, 17 de septiembre de 2015

Manuel García-Fogeda: El frío, el ratón y la bailarina.

EL FRÍO, EL RATÓN Y LA BAILARINA

          Hace mucho frío. Menos mal que me he puesto el pijama de franela. ¡Se ha quitado la chaqueta! Él, como siempre, medio desnudo. Y con el portátil. Venga a mover el ratón sobre la sábana. ¡Qué repelús verlo! Mejor me echo el cobertor sobre las piernas. Ahora lo frota sobre este. No parece conforme. ¿Qué diablos estará haciendo? El ratón sobre mi pijama. Da un brinco. ¡Ah, ya! Se mueve el cursor. Es la franela de mi muslo. Hace de alfombrilla. ¡Valiente pelmazo! ¿Por qué no usará el del ordenador? Peor que un chiquillo. Cada día un juego nuevo. Aún tengo frío. Eso, su chaqueta sobre los hombros. ¡No me lo puedo creer! Un juego de bailarinas. ¡Qué estupidez! Y yo con La Regenta ¿En qué consistirá este juego? Hace círculos con el ratón y la bailarina gira sobre el hielo. Ahora cliquea y salta. ¡Qué manera de sumar puntos! Se le da bien. Salta, da vueltas. Parece de verdad. Resulta hasta bonito. ¡Y qué manera de mover el ratón! Se ve que no hace otra cosa. No sé cómo no tiene artritis en los dedos. ¡Qué manera de cliquear! Se ilumina toda la pista. Otra pantalla más elegante. Es un bailarín. Tiene que seguir el ritmo de la música y acoplarse a sus movimientos. Parece el vals del Lago de los cisnes. ¡Caramba, qué bien lo hace! ¡Cómo se mueve, Paco! ¡Qué coordinación! Claro, todo el día con el dichoso ratón… Qué saltos pega la bailarina. Y qué giros. ¡Qué bien lo hace el jodío! Toda la vida con una persona y no la conoces. Tengo que plantearme lo de estos jueguecitos. ¡Qué manera de mover el ratón! Y qué velocidad. ¡Cómo cliquea! Qué armonía de movimientos… Se me está pasando el frío. Estoy por jugar yo también. Podría echarle una mano. Pero ¡qué va!… lo hace divinamente. Y al ritmo de la música. Sí, sí, así… Y encima suma puntos. ¡Caramba, cómo me está gustando este juego!
            —Eres maravilloso, cariño.
            —¿Cómo dices?
            —Que eres un virtuoso jugando a esto.
            —Gracias, pequeña. Ya me queda poco.
            —Sí, ya lo veo. Sigue, sigue moviendo así el ratón. Eso, ¡cliquea, cliquea!
Ya queda poco. Venga, sí, baila y salta. No pierdas el compás. Mueve más el ratón. Eso, así. Sí, continúa. Oh, eres genial cariño. Da gusto jugar contigo. Vamos, Paco, no pares ahora. Eso, no pares de bailar y de saltar. No dejes de mover el ratón. Que salte y que gire esa bailarina. Cliquea, cliquea. ¡Oh Dios, es maravilloso! Pero…
—¡Basta, basta ya! ¡No aguanto más! Deja ya de mover el ratón. ¡Qué  calor! Aparta el ordenador y empieza a mover la mano, cariño. O mejor, saca tu ratón… y cliquea, cielo, cliquea… 

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