El hotel infinito posee infinitas
habitaciones numeradas. 1,2,3,4,5… El gerente del hotel está sumamente contento
porque todas las habitaciones están ocupadas. Un buen día todos los habitantes
de Asia deciden irse de vacaciones a dicho hotel. ¿Podrá el gerente alojarlos?
Él piensa que no, pero el recepcionista, que durante el invierno hizo algún
curso de matemáticas, tiene la solución. Propone que cada huésped del hotel se
mude a la habitación cuyo número sea el
doble de la que tenía asignada. De esta forma quedan libres todas las
habitaciones impares. Así, los antiguos huéspedes quedan todos alojados, y hay
sitio suficiente para alojar no solo a
todos los millones de asiáticos, sino a todos los habitantes del universo.
Zenón de Elea formuló
algunas paradojas concernientes al tiempo y al espacio jugando con el
significado de conceptos como el infinito: supongamos que un atleta inicia una
carrera, antes de llegar a la meta habrá de pasar por unos puntos intermedios
que no acaban jamás. El corredor debe recorrer una distancia sometida a un
número infinito de subdivisiones, en un tiempo finito; ésta es, evidentemente,
una suposición absurda: ¡no es posible recorrer un espacio compuesto de
elementos infinitos en un lapso de tiempo finito! Por consiguiente, el
movimiento es imposible.
Si estas paradojas desafían
nuestro sentido común. La siguiente paradoja presenta una situación difícil de
aceptar para nuestra mente. Imaginad que cogemos una bola maciza, por ejemplo
una canica. El teorema de Banach-Tarski nos demuestra que esta esfera podemos
dividirla en un cierto número finito de partes y después de aplicarle
movimientos rígidos a las mismas formar una esfera maciza del tamaño del Sol.
Por supuesto, hemos cogido una canica matemática que podemos trocear y con esos
trozos formar de nuevos dos bolas del mismo radio. Alguien podría decir que
esto es imposible, porque cada trozo tendría un volumen que sumados darían el
volumen de la bola inicial y no podrían sumar nunca el doble. Aunque vaya en
contra de todas las leyes de la física, hay que tener en cuenta que estamos
hablando de esferas "matemáticas", que no tienen volumen y, por tanto, no se les pueden aplicar leyes
como que el principio de conservación de la materia.
Conjuntos infinitos
El matemático Georg Cantor definió un conjunto infinito como aquel donde es posible establecer una correspondencia biunívoca entre el y una de sus partes. Este principio rompe con uno de los más famosos enunciados de Euclides: “El todo es mayor que cada una de las partes”. Pero es fácil demostrar que en el conjunto de los números naturales, una de las partes es tan grande como el todo.
Cantor demostró que los
números pares, los números impares, los naturales y los racionales eran todos
ellos conjuntos numerables y, por tanto, podemos decir que tienen el mismo
número de elementos. Cantor denominó À0 (aleph-cero) a este tipo de conjuntos infinitos.
También demostró que no se puede establecer una correspondencia biunívoca entre
los conjuntos anteriores y el conjunto de los números reales, así pues, este
tipo de conjuntos infinitos sería otro número que llamaremos À1. Esto plantea un problema matemático aún no
resuelto: ¿son todos los infinitos iguales, o bien hay unos más grandes y otros
más pequeños? Habían nacido las matemáticas del transfinito.
Las matemáticas del
transfinito encontraron, en su momento, fuertes resistencias para ser
aceptadas. Hoy en día existe aún cierta separación entre estas matemáticas y
las “convencionales”. En cualquier caso, con las teorías de Cantor el infinito
ha dejado de ser “algo irracional” para convertirse en un objeto de la lógica
con el que podemos trabajar.
La Biblioteca de Babel
La Biblioteca de Babel
Todo el pensamiento humano
está allí. Jorge Luis Borges concibe un universo de salas hexagonales, figuras
geométricas que se proyectan en el infinito. Si la biblioteca es infinita,
evidentemente toda reducción de origen humano es infinitesimal. De la misma forma
que se puede hablar de lo infinitamente grande, se puede hablar de lo
infinitamente pequeño. Entre los números 0 y 1, está ½, que es más grande que 0
y más pequeño que 1. También tenemos 1/3 más grande que 0 y más pequeño que ½.
Podemos continuar indefinidamente con: ¼, 1/5, 1/6...¿Cuántos números cono
estos hay entre 0 y 1? Hemos establecido un espacio, el intervalo (0, 1), para
ubicar el infinito.
En la biblioteca de Babel,
el narrador busca el catálogo de catálogos, pero ¿puede existir dicho libro? Si
el catálogo de todos los catálogos es A y contiene los catálogos A1,
A2,...,An, nos encontramos con un catálogo que no está
catalogado, el A. Debemos elaborar un catálogo B que lo incluya, pero en dicho
catálogo no estaría el catálogo B, así pues, debemos elaborar otro catálogo C
que lo incluya, y así indefinidamente. Estamos ante una versión de la famosa paradoja de Russell,
que la podemos expresar mediante la paradoja del
barbero: en un pueblo había un barbero que afeitaba a todos aquellos
que nunca se afeitaban a sí mismos, y solo a ellos. ¿Se afeitaba el barbero a
sí mismo?
El relato finaliza con la
siguiente afirmación:”La biblioteca es ilimitada y periódica.” Hay infinitos
números que pueden ser expresados como decimales periódicos; pero también hay
infinitos números que no poseen esta característica, son los llamados números
irracionales.



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